Con mucha frecuencia recibo en consulta pacientes con ANSIEDAD que se quejan de sensación inquietud, dificultad para concentrarse, irritabilidad, problemas de sueño, tensión muscular y sensación de nerviosismo constante. Incuso, describen la experiencia de haber tenido uno o varios ataques de ansiedad:
- Palpitaciones rápidas o fuertes, dificultad para respirar o sensación de falta de aire, sudoración excesiva, temblores, sensación de ahogo, opresión en el pecho o malestar estomacal.
- Mareo, desmayo, sensación de hormigueo o entumecimiento en las extremidades, escalofríos o sensación de calor.
- Sentimientos de miedo intenso o terror, pensamientos catastrofistas o de perder el control, sensación de irrealidad o de estar separado de uno mismo, miedo a morir.
- Sensación de angustia, nerviosismo extremo, inseguridad o miedo abrumador.
Estos síntomas son tan abrumadores que se genera un miedo a volver a sentir los síntomas. Este miedo, a su vez, hace que la persona despliegue una serie de comportamientos de evitación de todas aquellas situaciones que le provocan sensaciones de miedo. El resultado es que cada vez la persona se queda más aislada, insegura y angustiada con limitaciones importante en la funcionalidad de su vida. Ocurre en adultos pero me estoy encontrando muchos adolescentes con este cuadro clínico.
¿Sabías que la ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones percibidas como amenazantes o estresantes? Es una sensación de preocupación o miedo que experimentamos en ciertas circunstancias. De hecho, desde que existimos cierto nivel de ansiedad nos ha salvado la vida muchas veces.
Cuando nos enfrentamos a una situación estresante, como una presentación en público o una entrevista de trabajo, nuestro cuerpo se prepara para reaccionar ante ese posible peligro. Esto se conoce como la respuesta de «lucha o huida». Nuestro corazón puede acelerarse, la respiración se vuelve más rápida, podemos sentir tensión muscular y sudoración.
La ansiedad se convierte en un problema cuando estas sensaciones se producen de manera excesiva o sin una causa real. Las personas con trastornos de ansiedad pueden sentir ansiedad de manera persistente, incluso en situaciones cotidianas que no representan una amenaza real.
Los síntomas comunes de la ansiedad incluyen:
- Inquietud o nerviosismo constante: agitación evidente, como inquietarse en el asiento, mover las manos o las piernas de manera repetitiva, o tener dificultad para permanecer quieta
- Preocupación excesiva: preocupación persistente e intensa acerca de diversas situaciones o eventos, incluso aquellos que pueden ser triviales o improbables.
- Síntomas físicos: tensión muscular, palpitaciones, dificultad para respirar, sudoración excesiva, temblores, mareos o molestias estomacales.
- Problemas de sueño: dificultades para conciliar el sueño, permanecer dormidas o experimentar un sueño de calidad: insomnio o despertarse frecuentemente durante la noche.
- Dificultades de concentración sentirse distraída, desconcentrada, tener dificultad para procesar la información de manera efectiva y para el enfoque en tareas o actividades.
- Irritabilidad: irritabilidad o irritación fácil; reaccionar de manera exagerada o tener una menor tolerancia a situaciones estresantes.
- Evitación de situaciones desencadenantes: evitar ciertas situaciones o lugares que percibe como amenazantes para evitar sentir la ansiedad lo que puede limitar sus actividades diarias y su funcionamiento general.
Hay diferentes trastornos de ansiedad según sus características y se recogen en el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). Cada trastorno tiene sus propios criterios diagnósticos y es importante que un profesional de la salud mental realice una evaluación adecuada para determinar si se cumple con los criterios necesarios para el diagnóstico. Aquí te explico de manera sencilla algunos de los trastornos de ansiedad que se mencionan en el DSM-5:
- Trastorno de ansiedad generalizada: las personas experimentan preocupación excesiva y persistente sobre diversas situaciones o eventos, incluso cuando no hay una razón evidente para ello. Pueden sentirse inquietas, tensas, tener dificultades para concentrarse y presentar síntomas físicos, como fatiga y problemas de sueño.
- Trastorno de pánico: se caracteriza por la aparición repentina e inesperada de ataques de pánico. Durante un ataque de pánico, la persona puede experimentar síntomas físicos intensos, como palpitaciones, dificultad para respirar, mareos y miedo intenso. Además, pueden tener miedo a tener futuros ataques de pánico y evitar lugares o situaciones que los desencadenen
- Trastorno de ansiedad social: Las personas tienen un miedo intenso y persistente a situaciones sociales o de rendimiento en las que puedan sentirse avergonzadas, juzgadas o humilladas. Pueden evitar estas situaciones o enfrentarlas con gran ansiedad. Los síntomas pueden incluir rubor facial, temblores, sudoración y dificultad para hablar.
- Trastorno de ansiedad por separación: Este trastorno se caracteriza por una ansiedad excesiva cuando la persona se separa de personas o lugares a los que está vinculada emocionalmente. Puede manifestarse como miedo a perder a alguien importante o a ser abandonado. Los síntomas pueden incluir preocupación excesiva, pesadillas, dolores de cabeza o molestias estomacales al separarse de la figura de apego.
Es importante recordar que la ansiedad es una respuesta normal en ciertas situaciones, y en algunos casos puede ser útil. Sin embargo, si la ansiedad interfiere con la vida diaria y causa malestar significativo, es recomendable buscar ayuda de un profesional de la salud mental, quien puede brindar estrategias y tratamientos para manejarla de manera efectiva.
Manejar la ansiedad no es sencillo, muchas veces requiere de un análisis profundo que identificar, explorar y reprocesar las experiencias o eventos específicos en la historia de vida de la persona que han contribuido a la ansiedad. No obstante, hay algunos consejos que siempre te van a ayudar a sobrellevar esta etapa:
- Respiración profunda: Practica técnicas de respiración profunda para calmar tu cuerpo y mente. Inhala profundamente por la nariz, mantén el aire unos segundos y exhala lentamente por la boca. Repite este proceso varias veces hasta sentirte más tranquilo/a.
- Ejercicio regular: El ejercicio físico regular, como caminar, correr o practicar yoga, puede ayudar a reducir la ansiedad. El ejercicio libera endorfinas, sustancias químicas en el cerebro que mejoran el estado de ánimo y reducen el estrés.
- Técnicas de relajación: Explora técnicas de relajación como la meditación, la visualización guiada o el yoga. Estas prácticas pueden ayudarte a relajar el cuerpo y calmar la mente.
- Establecer rutinas: Mantener una rutina diaria estructurada puede proporcionar un sentido de estabilidad y control, lo cual puede reducir la ansiedad. Establece horarios regulares para dormir, comer, trabajar y realizar actividades recreativas.
- Limitar la cafeína y el alcohol: La cafeína y el alcohol pueden aumentar los niveles de ansiedad. Limita tu consumo de estas sustancias y observa cómo te afectan personalmente.
- Dormir lo suficiente: El sueño adecuado es esencial para mantener un estado de ánimo equilibrado y reducir la ansiedad. Establece una rutina de sueño regular y crea un ambiente propicio para descansar, evitando dispositivos electrónicos antes de acostarte.
- Establecer límites y decir «no»: Aprende a establecer límites saludables y decir «no» cuando sea necesario. Asumir demasiadas responsabilidades puede generar estrés y ansiedad. Prioriza tus necesidades y aprende a delegar o rechazar tareas adicionales.
- Apoyo social: Busca apoyo de personas de confianza, ya sea amigos, familiares o grupos de apoyo. Compartir tus preocupaciones y experiencias con otros puede ayudarte a sentirte comprendido/a y obtener diferentes perspectivas.
- Evitar la autocrítica excesiva: No te juzgues de manera negativa por sentir ansiedad. Recuerda que la ansiedad es una respuesta natural y que muchas personas la experimentan. Practica la autocompasión y trata tus pensamientos y emociones con amabilidad y aceptación.
Si la ansiedad persiste o interfiere significativamente con tu vida diaria, considera buscar ayuda de un profesional de la salud mental. Un terapeuta o psicólogo puede brindarte estrategias específicas para manejar la ansiedad y ayudarte a desarrollar habilidades de afrontamiento.

